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13/07/2026En la historia del automovilismo existen victorias que trascienden para convertirse en auténticos puntos de inflexión. Una de ellas tuvo lugar el 14 de julio de 1951, cuando el Ferrari 375 F1 pilotado por el argentino José Froilán González conquistó el Gran Premio de Gran Bretaña disputado en Silverstone. Aquella carrera supuso mucho más que un triunfo: fue la primera victoria de Ferrari en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1, un hito que cambió para siempre la historia de la escudería italiana y que, 75 años después, continúa siendo uno de los capítulos más recordados del deporte del motor. Vamos a aprovechar este aniversario y la reciente victoria número 250 de Ferrari con Charles Leclerc, también en Silverstone, para contar esta imperdible historia del automovilismo ¡Andiamo!
1950-1951. LA DICTADURA MILANESA
Cuando comenzó el Campeonato del Mundo en 1950, Alfa Romeo era el gran dominador de la categoría. Sus potentes Alfetta 158 y, posteriormente el 159 de 1951, parecían prácticamente imbatibles. Mientras tanto Ferrari, fundada por Enzo Ferrari en 1947 como fabricante de automóviles deportivos y de competición, buscaba la fórmula para plantar cara al que fue su antiguo equipo. La rivalidad entre ambas marcas italianas no solo representaba una lucha deportiva, sino también un enfrentamiento entre dos filosofías y dos formas de entender la competición.

Alfa Romeo 159 de 1951, el dominador de la temporada (Creative Commons)
FERRARI 375 F1. EL ARMA DE MARANELLO
La respuesta a este desafío desde Maranello fue el legendario 375 F1. Diseñado bajo la dirección técnica de Aurelio Lampredi, el monoplaza abandonó el motor V12 sobrealimentado de menor cilindrada utilizado en modelos anteriores para adoptar un enorme V12 atmosférico de 4,5 litros. La normativa de la época permitía competir con motores atmosféricos de hasta 4,5 litros o con motores sobrealimentados de hasta 1,5 litros, y Ferrari apostó decididamente por la primera opción. El resultado fue un coche potente, robusto y especialmente eficaz en circuitos rápidos como Silverstone. El propulsor del 375 F1 desarrollaba alrededor de 380 CV de potencia, una cifra extraordinaria para comienzos de la década de 1950. Aunque el coche era algo más pesado que sus rivales de Alfa Romeo, ofrecía una excelente velocidad punta y una entrega de potencia muy aprovechable. Unido a un cuidadoso trabajo de evolución durante la temporada de 1951, permitió que Ferrari redujera progresivamente la ventaja de sus competidores hasta situarse en condiciones de luchar por la victoria.

Ferrari 375 F1 de 1951 (Creative Commons)
JOSÉ FROILÁN GONZÁLEZ. EL ELEGIDO
Al volante de aquel Ferrari se encontraba José Froilán González, uno de los grandes pilotos argentinos de todos los tiempos. Nacido en Arrecifes, provincia de Buenos Aires, en 1922, González había construido su prestigio en las competiciones sudamericanas antes de dar el salto a Europa. Su complexión física le valió el apodo de “El Toro de la Pampa”, pero detrás de aquella imagen poderosa se escondía un piloto de enorme sensibilidad, especialmente hábil para administrar los neumáticos y comprender el comportamiento mecánico de los coches. Su llegada a Ferrari fue decisiva. En una época en la que el talento del piloto podía compensar muchas de las limitaciones técnicas, González supo extraer todo el potencial del 375 F1. Su estilo de conducción combinaba agresividad y precisión, dos cualidades que resultarían fundamentales en Silverstone.

Portada de la Revista argentina El Gráfico con José Froilán González (Creative Commons)
El Gran Premio de Gran Bretaña de 1951 reunió a los mejores pilotos del momento. Alfa Romeo alineó a figuras como Juan Manuel Fangio, Giuseppe Farina y Consalvo Sanesi, mientras Ferrari confiaba sus opciones a González y Luigi Villoresi. Desde los entrenamientos quedó claro que Ferrari había dado un importante paso adelante. González logró la pole position, demostrando que el 375 F1 disponía de la velocidad necesaria para desafiar el dominio de Alfa Romeo. La carrera confirmó aquellas sensaciones. Desde la salida, González impuso un ritmo elevadísimo y supo contener los ataques de Fangio, considerado ya entonces el mejor piloto del mundo. Mientras el argentino de Alfa Romeo trataba de mantenerse cerca del Ferrari, González administró con inteligencia la mecánica y evitó cometer errores en un circuito rápido y exigente.

Ferrari de José Froilán González contra el Alfa Romeo de Giuseppe Farina en 1951 (Creative Commons)
Tras 90 vueltas al trazado de Silverstone, José Froilán González cruzó la línea de meta en primera posición, con más de 50 segundos de ventaja sobre Fangio. Ferrari conseguía así su primera victoria en un Gran Premio puntuable para el Campeonato del Mundo de Fórmula 1. La importancia emocional de aquel triunfo quedó reflejada en una célebre frase de Enzo Ferrari. El fundador de la marca reconoció en una entrevista que vencer a Alfa Romeo había sido como “matar a su madre”, una expresión que resumía el profundo vínculo que mantenía con la firma milanesa, donde había iniciado su trayectoria deportiva décadas antes. Sin embargo, también simbolizaba el nacimiento definitivo de Ferrari como gran potencia del automovilismo internacional.

Nicola Romeo (Centro) junto a Enzo Ferrari (Derecha) cuando Il Commendatore pilotaba para él en Alfa Romeo en el Gran Premio de Italia de 1923 (Creative Commons)
Aquella victoria no fue un éxito aislado. Durante el resto de la temporada de 1951, Ferrari confirmó que podía competir de igual a igual con Alfa Romeo. Aunque el campeonato terminó en manos de Juan Manuel Fangio, la balanza de poder había comenzado a inclinarse. Al finalizar ese año, Alfa Romeo decidió retirarse oficialmente de la Fórmula 1 al no contar con el apoyo económico estatal para seguir corriendo. Con esta maniobra se dejó paso a una nueva etapa en la que Ferrari se convertiría en la referencia permanente del campeonato.

José Froilán González con el 375 F1 durante el GP de Francia de 1951 (Creative Commons)
El Ferrari 375 F1 pasó inmediatamente a ocupar un lugar privilegiado en la historia de la marca. Más que un simple monoplaza, representó la prueba de que la visión de Enzo Ferrari podía imponerse frente al fabricante más exitoso de la época. Su gran motor V12 atmosférico, su inconfundible silueta y su característico color Rosso Corsa forman parte desde entonces del patrimonio histórico del automovilismo. Por su parte, José Froilán González quedó para siempre ligado a Ferrari. Aunque nunca consiguió proclamarse campeón del mundo, sus dos victorias con la Scuderia, ambas curiosamente en Silverstone, le otorgaron un lugar de honor en la historia del equipo. En Maranello siempre fue recibido con un enorme cariño, consciente toda la familia Ferrari de que había sido el primer piloto capaz de llevar un monoplaza del Cavallino Rampante hasta lo más alto de un podio mundialista.

Ferrari 375 F1 de 1951 actualmente en el Museo Ferrari de Maranello (Creative Commons)
En 2026 se cumplen 75 años de aquella inolvidable victoria en Silverstone. Tres cuartos de siglo después, Ferrari continúa siendo el único equipo presente de forma ininterrumpida desde el nacimiento del Campeonato del Mundo de Fórmula 1, una trayectoria construida sobre innumerables éxitos, títulos y momentos legendarios. Sin embargo, todos ellos tienen un origen común: aquella tarde del verano británico de 1951 en la que José Froilán González demostró que Alfa Romeo podía ser derrotada.

75 años después, Charles Leclerc le dio la victoria número 250 de Ferrari en Silverstone, el mismo escenario en donde empezó todo
La celebración del 75.º aniversario de aquella gesta constituye una magnífica oportunidad para recordar no solo un resultado deportivo, sino el comienzo de una leyenda. El Ferrari 375 F1 simboliza la innovación y la determinación de una marca llamada a escribir la historia de la Fórmula 1, mientras que José Froilán González representa el talento y el coraje necesarios para convertir un proyecto ambicioso en una realidad. Juntos protagonizaron uno de los momentos más trascendentales del automovilismo, una victoria que cambió el rumbo de Ferrari y que sigue ocupando un lugar imborrable en la memoria de los aficionados 75 años después.





